Mecenazgo vs Filosofía

Por la fecha 24 de la Liga Alemana, Bayern Múnich visitó a Hoffenheim. El partido no tuvo mucha emoción en lo deportivo, pero dejó mucho para analizar. A los 62 minutos, los Bávaros, ganaban 6 a 0 y se floreaban ante los octavos de la clasificación. Minutos después, los hinchas del Bayern desplegaron tres pancartas, en las que insultaban al presidente del equipo local, llamándolo “hijo de puta”.

Las agresiones a Dietmar Hopp se han vuelto recurrentes últimamente, con varios equipos de la Bundesliga. Ya había pasado con hinchas del Borussia Monchegladbach y del Dortmund. Estos últimos fueron sancionados con tres años sin poder viajar a este estadio, por una bandera que decía: “Hasta la vista Hopp”.

Pero para los foráneos, la gran pregunta que nos genera es, ¿Quién es este presidente tan odiado por las hinchadas alemanas?

Dietmar Hopp es el co-fundador de SAP, la empresa de software más grande de Europa. Según la revista Forbes, es de los hombres más ricos del mundo y buena parte de esta fortuna la utilizó para el surgimiento de un club que vivió gran parte de su existencia en las categorías más bajas del fútbol alemán.

El Hoffenheim proviene de una localidad llamada Sinsheim, donde vivió su infancia Hopp. En 1999 asumió como presidente y comenzó su ascenso hacía la máxima categoría. Construyó dos estadios, uno el mismo año que inició su presidencia, que llevó su nombre, y otro, 10 años después, pasando de 6 mil espectadores a 30 mil, muestra clara del crecimiento institucional.

Dietmar tomó el club en la quinta categoría y en ocho años pudo ver a su equipo de la infancia en primera división y siendo campeón de invierno de esa primera temporada. Llegó con una base muy fuerte de juveniles y jugadores de bajo presupuesto, pero con una estructura deportiva muy seria, a la cual le dio el último retoque el técnico Ralf Rangnick, quien lo llevó a la Champions League.

Pero esta irrupción vertiginosa en lo más alto del fútbol alemán, sentándose en la misma mesa junto a grandes como Bayern Múnich, Borussia Dortmund, Schalke, etc, no tuvo buen recibimiento en un ambiente muy tradicional. Pero además, colocándose en la vereda de enfrente del modelo clásico de gestión de un club, donde las inyecciones de capital, impulsadas por personajes externos a la estructura directriz, están mal vistos.

En la Bundesliga rige la ley del 50+1, en la que se exige que ninguna persona física puede tener más del 50% de la acciones. Pero la Federación contempla algunas excepciones, como la del Hoffenheim, donde Hopp tiene el 96% y se ha mostrado siempre en contra de esta norma.

Las protestas de los aficionados de la Bundesliga, muestra la dicotomía que vive hoy el hincha de fútbol. Que por un lado, sabe que su club se mantiene con publicidad, el traspaso de jugadores y estrategias de marketing, que lo asemejan más a una empresa. Y por el otro, aquellos que siguen esperando ver plasmada una filosofía de juego que los hace distintos en el mundo y enamora a sus seguidores. Esa marca registrada que hace que los clubes de futbol no sean atletas bajo mecenazgo, que solo buscan la gloria personal, sino ser representantes de esa marca, a través de la cual lleguen al éxito.

Las nuevas generaciones están perdiendo esa sensación, en la que tanto jugadores como hinchas puedan golpearse el pecho al ver sus colores en lo más alto. No por status, tampoco por tener un argumento en la discusión de quien es más grande, sino por reafirmar esa convicción de que así se gana en la vida.

Los exitistas afirman que los resultados son todo al final de una temporada, pero el contexto, es en realidad, el que determina eso. Hay equipos que ganan sobre la hora, otros con inferioridad numérica, están los que son especialistas en dar vuelta resultados y los que prefieren controlar la posesión del balón durante todo el partido. Es difícil determinar que un estilo sea mejor que otro, porque todos han ganado alguna vez, lo importante es como se sienta su público ante esta manera de conseguir la gloria.

El caso del Hoffenheim, es comparable con el del PSG, que también utilizó la inversión de un magnate para colocarse en primer plano de las competiciones Europeas. Pero hay una diferencia, los parisinos tienen muy pocos jugadores salidos de las inferiores y el capital es destinado a la contratación de grandes estrellas, que evite este proceso.  En cambio, la inversión de Hopp se ha utilizado para la creación de un proyecto deportivo sólido, del cual han salido varios jóvenes talentos y se ganó la simpatía de una parte de la afición futbolística alemana, que todavía lo defiende.

Pero hay otros que perdieron su creencia en este proyecto cuando se vendió a Luiz Gustavo al Bayern Munich. Había sido un descubrimiento del técnico Rangnick, cuando jugaba en el Club Regatas de Brasil, en la segunda división, cedido a préstamo por el Corinthians. Llegó al club alemán en tercera división, se transformó en titular indiscutido y al ser vendido, el entrenador entendió esto como una traición al proyecto que los mantenía a todos luchando por el club.  De hecho ni siquiera fue consultado por esta transferencia, por lo que decidió marcharse.

El negocio fue muy bueno, venderle un jugador al Bayern Múnich no es disparatado para un club como este, pero traicionar la filosofía desacredita todo éxito, ya sea deportivo o institucional. Contra esto lucha el fútbol moderno hoy por hoy, aunque el dinero por ahora está ganando la batalla, los hinchas son los únicos capaces de mantener la tradición.

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